Hoy me toco hacer un depósito en un típico banco, de nuestra linda y pintoresca Latinoamérica. Me fui temprano para llegar antes de que abrieran y no tener que hacer una larga fila. ¡Oh sorpresa!, que cuando llegue ya había más de treinta persona esperando a la entrada del banco, me di cuenta que mi gran idea de llegar temprano, no era única ni mucho menos original. Pero llegue mentalizado, ya que a través de los años he adquirido una experiencia o mejor dicho, alguna inmunidad contra el mal servicio y mala atención de los bancos. Entonces respire hondo y me fui a ubicar detrás de la última persona en la fila, a esperar mi triste destino. Pero como nunca falta algo que me sorprenda, vi llegar al sujeto, desde que mostro su cara en la fila, pude leer completico lo que iba hacer, iba a colocarse en cualquier lugar dentro de la fila que no fuese el ultimo. Vi sus movimientos y hasta tuvo el descaro de pararse delante de mí, como diciendo dentro de sí, “si, aquí es un buen lugar para quedarme”. Como yo sabía cual era su acto, empecé a aclarar garganta para mandarlo atrás, hasta el último lugar, pero se movió en el preciso momento que lo hiciera. Y se fue más adelante con sus misma estrategia, y para sorpresa mía, le funcionó como anillo al dedo, llegó e hizo su transacción en solo 5 minutos, con una sonrisa de oreja a oreja, salió del banco, mientras a mi me toco quedarme otros diez minutos en la fila, sin poderme quitar el mal sabor de boca, como si me hubieran pedado la cara. Y quien sabe si, para nuestro amigo “el vivo”, será una buena historia que le cuente a su compadre o a su comadre de cómo llego a un banco con una larga fila y sin ningún esfuerzo pudo salir de allí en cinco minutos, dejando atrás a esos tontos que llegaron primero que él, ji ji ji ji, y supongo que así se reiría. Pero mi pregunta es ¿Es este un mundo de vivos?, ¿De personas que pasan por encima de cualquiera sin importarle un bledo los demás?, ¿Del que si me pones la papaya hay que partirla?. En una sociedad en donde nos quejamos de la politiquería, de la corrupción, de los puesto de corbata, no hay duda que nunca habrá un cambio real, sino empezamos nosotros mismos, sino empezamos a vivir en sociedad, en pensar en el prójimo, en nuestro vecino, o mejor dicho sino empezamos a respetar.