La gente no deja de sorprenderme, cuando ya había perdido las esperanzas, cuando pensé que la buena acción y los favores, ya no eran de esta época, me encontré con una buena persona, un buen ser humano, que tiro todos mis prejuicios a la basura y me hizo nuevamente creer. Y si, es cierto, que estos tiempos son difíciles, que una buena amistad no se encuentra a la vuelta de la esquina, que ya nadie hace un favor sin esperar algo a cambio, que los sueños y las metas son más difíciles de alcanzar, y que existen en este mundo muchas cosas que nos ponen a llorar. Ante todo esto, solo déjeme decirle amigo, que no pierda las esperanzas, porque en algún sitio hay una persona buena que estará dispuesta a tender su mano, puede ser un desconocido o un total extraño, pero estará allí aguardando, dispuesta, expectante, y solo por esa buena persona que esta presta para la buena acción vale la pena sonreír al amanecer todas las mañanas.